Vivir en Doña Ana

El mundo digital en el que vivimos

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No cabe duda que la tecnología ha modificado un número enorme de formas en cómo hacemos las cosas. Veamos un ejemplo que me ocurrió hace un par de días: Suena la alarma 6:15 am. Esta se encuentra en una app de mi teléfono móvil. Me levanto y me baño. De ahí desayuno y termino antes de las7 am. Después de esa hora no puedo comer nada, ni siquiera beber agua, pues me van a hacer una intervención de un lunar que me quitaron y que requiere de volver a intervenir para sacar todo el carcinoma. Me preparo y una hora antes de mi llegada al hospital pido un Uber, usando la aplicación correspondiente en mi teléfono. El sistema me va indicando cuanto va a tardar en llegar y puede verse la ubicación del vehículo en tiempo real. Todo desde la pantalla de mi teléfono celular.

Llego al hospital y paso a “Admisión”. Me piden una serie de copias de diferentes documentos. Me piden la carátula del seguro de gastos médicos de mi compañía aseguradora. No lo tengo y entonces la empleada que me atiende me dice: “no se preocupe. Pídalo a la compañía aseguradora y me manda la carátula de su póliza cuando se la manden”. Hablo a la compañía de seguros. Me atiende una empleada que toma mi petición y segundos después me dice: “ya le mandé el documento a su correo”. Listo. Otro evento solucionado a la velocidad de la luz y comunicándome digitalmente.

Me asignan cuarto y minutos después ya estoy en bata de hospital. Llega una persona con un sofisticado aparato para hacer electrocardiogramas. Me pega unos conectores en diversas partes del cuerpo. Conecta cables a un aparato que tiene un monitor. Aprieta un par de teclas y listo, se imprime mi electrocardiograma. Me quitan los conectores y la operadora de dicho aparato se va con los resultados obtenidos.

Ahora espero una media hora y de pronto llegan por mí. Me mantienen acostado y me llevan en la cama hacia cirugía. Hay un sinfín de preguntas y cuestionarios de diferentes personas. Paso a cirugía. Me canalizan, me duermen, me intervienen y aparezco en una sala de recuperación en donde hay otros enfermos. A mi lado hay dos bombas para llevar medicamentos y suero vía intravenosa, que pueden programarse por tiempo y por cantidad de mililitros por tiempo determinado. Cuando se acaba la medicina administrada suena un sonido, un beep de alarma, que le indica a las enfermeras de guardia que hay que ver el siguiente paso, continuar con la medicación o apagar la bomba digital.

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Me llevan a cuarto. Toda la tarde, noche y madrugada entran al cuarto poniendo nuevos medicamentos que me siguen administrando (contra las nauseas, contra el dolor, etcétera). Finalmente a las8 am del día siguiente llega el doctor que me operó y me revisa. Me da de alta. Este proceso es lento porque se hace a mano, a pesar de tanto esmero digital.

El hospital manda a la aseguradora los gastos en los que incurrí como enfermo en cuarto, en la sala de cirugía, en todo momento. Llevan puntual control de cada cosa que se me administró, hasta las bolitas de algodón que pudieron usar en algún momento. Todo se contabiliza en una base de datos en donde se lleva cuenta de la cantidad de recursos invertidos en mi proceso. Cuando uno ve la impresión en papel de esto puede incluso impresionar, porque se apunta todo, literalmente todo lo que usó el paciente. Y aquí a mano la aseguradora debe aceptar o rechazar los gastos que se han consignado. Terminado esto, la aseguradora le dice al hospital qué gastos pagará y cuales no. Finalmente la empleada de “caja” me indica el resultado, si tengo que pagar algo y entonces, resuelto este asunto, me puedo ir del nosocomio.

De todos los eventos que he platicado, es claro que en muchos casos, las situaciones se solucionaron gracias al mundo digital, a la conexión vía Internet remoto de forma que, pude recibir archivos e información que necesitaba en ese momento. Pude pedir un vehículo para que me llevara al lugar que quería ir. Pude ser hospitalizado y controlado en muchos sentidos por dispositivos digitales, que llevan el control de los medicamentos que se deben administrar.  De alguna manera las enfermeras poco a poco solamente se empiezan a encargar de ayudar a que los sistemas, que aún no son automáticos, los sean. Vamos, de pronto ya estamos en un mundo digital y vivimos inmersos en él. ¿O no?

 

Con información de: www.proceso.com.mx

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